sábado, 8 de abril de 2017

Lección rápida y esencial de marketing


eyyyyyyyyyyyy ;) ¿ya estáis aquí? Me gustaría saber que esperabas encontrar en esta entrada...Mira lo que te traigo, una distinción de tipos de marketing y publicidad



1) Estás en una fiesta y ves una mujer muy atractiva. Te acercas a ella y le dices:
Soy muy bueno en la cama
Eso es marketing directo.
2) Estás en una fiesta con un grupo de amigos y ves una mujer muy atractiva. Uno de tus amigos se le acerca y le dice:
Mi amigo es muy bueno en la cama
Eso es publicidad.
3) Estás en una fiesta y ves una mujer muy atractiva. Le pides su número de teléfono. Al día siguiente la llamas y le dices:
Soy muy bueno en la cama
Eso es telemarketing.
4) Estás en una fiesta y ves una mujer muy atractiva. La reconoces. Te acercas a ella, le refrescas su memoria y le dices:
¿Te acuerdas lo bueno que soy en la cama?
Eso es Customer Relationship Management.
5) Estás en una fiesta y ves una mujer muy atractiva. Te levantas, te arreglas tu ropa, te acercas a ella y le sirves una copa. Le abres la puerta cuando sale. Luego le ofreces un cigarro y le dices:
Soy muy bueno en la cama
Eso son relaciones públicas.
6) Estás en una fiesta y ves una mujer muy atractiva. Ella se acerca a tí y te dice:
He oído que eres muy bueno en la cama
Eso es Branding, el poder de la marca.

nos vemos  @BorjaMontano, Borja Montaño #CienciaEconomica

sábado, 25 de marzo de 2017

La amenaza Trump

Trump hace un saludo militar a un marine.  AP
¿Cómo avanzan vuestras expectativas respecto al tornado Trump? Nos gustaría saber vuestra opinión porque por lo general vosotros, nuestros lectores, tenéis mucho que aportar. Hablando de alguien que tiene mucho que aportar, os dejamos la opinión de Paul Krugman al respecto:

Durante los dos últimos meses, la gente sensata ha estado intranquila preguntándose para sus adentros si el Gobierno de Trump podía meternos en una crisis de política exterior, o incluso en una guerra.
Esa preocupación era, en parte, un reflejo de la adicción de Donald Trump a la grandilocuencia y la fanfarronería, que encajan a la perfección en Breitbart y en Fox News, pero no casan bien con los Gobiernos extranjeros. Pero también era el reflejo de una fría visión de los incentivos con los que se encontrará el nuevo Gobierno: a medida que los votantes de clase trabajadora empiecen a darse cuenta de que las promesas del candidato Trump sobre el empleo y la sanidad eran falsas, las distracciones exteriores resultarán cada vez más atractivas.
Daba la impresión de que el punto de ignición más probable sería China, el objeto de muchas bravuconerías trumpistas, y donde las disputas por las islas del mar de China Meridional podían convertirse con facilidad en incidentes armados.
Pero parece que la guerra con China tendrá que esperar. Australia está antes. Y México. E Irán. Y la Unión Europea. (Pero nunca Rusia).
Y aunque parte del belicismo del Gobierno pueda tener un componente de cálculo cínico, esta actitud parece cada vez menos una estrategia política, y cada vez más un síndrome psicológico.
El enfrentamiento con Australia ha copado la mayor parte de los titulares, probablemente por su insólita futilidad. Después de todo, Australia posiblemente sea el aliado más fiel de Estados Unidos en el mundo entero, un país que ha luchado a nuestro lado una y otra vez. Tendremos nuestras diferencias, claro está, como las tendrán dos países cualquiera, pero nada que deba afectar a la fortaleza de nuestra alianza (sobre todo, porque Australia es uno de los países con los que necesitaremos contar si se produce un enfrentamiento con China).
Pero esta es la era de Trump: en una conversación telefónica con Malcolm Turnbull, primer ministro de Australia, el presidente de EE UU alardeó de su victoria electoral, se quejó de que existiese un acuerdo para acoger a algunos de los refugiados que Australia ha albergado y acusó a Turnbull de enviarnos los "próximos terroristas de Boston". Y cortó la conversación de forma abrupta tras solo 25 minutos.
Bueno, al menos Trump no amenazó con invadir Australia. Sin embargo, fue justo lo que hizo durante su conversación con el presidente de México, Enrique Peña Nieto. Según Associated Press, al dirigente democráticamente elegido de un país vecino le dijo: "Tiene un montón de hombres malos [bad hombres] ahí abajo. No está haciendo lo suficiente por detenerlos. Creo que su Ejército tiene miedo. Nuestro Ejército no, así que podría mandarlo para allá a ocuparse del asunto".
Fuentes de la Casa Blanca aseguran ahora que esa amenaza —recuerden, Estados Unidos ya ha invadido México en el pasado, y los mexicanos no lo han olvidado— era una broma sin importancia. Si se lo tragan, tengo un muro con México pagado que venderles.
Los encontronazos con México y Australia han eclipsado una guerra dialéctica más convencional con Irán, que puso a prueba un misil el domingo pasado. Esto ha sido sin duda una provocación. Pero el aviso de la Casa Blanca de que iba a "hacerle una advertencia a Irán" plantea una pregunta: ¿advertirle de qué? Dado el modo en que el Gobierno ha alejado a nuestros aliados, no va a haber sanciones más estrictas. ¿Estamos preparados para una guerra?
También se ha dado un contraste curioso entre la respuesta a Irán y la respuesta a otra provocación más grave: el recrudecimiento de la guerra subsidiaria de Rusia contra Ucrania. El senador John McCain ha pedido al presidente que ayude a Ucrania. Curiosamente, sin embargo, la Casa Blanca no ha dicho nada sobre las acciones de Rusia. Empieza a resultar un pelín evidente, ¿no?
Ah, y una cosa más: Peter Navarro, jefe del nuevo Consejo Nacional de Comercio, ha acusado a Alemania de aprovecharse de Estados Unidos con una moneda devaluada. Tenemos aquí un asunto económico interesante que debatir, pero se supone que las autoridades de un Gobierno no deben hacer acusaciones como esa a menos que estén preparadas para librar una guerra comercial. ¿Lo están?
Lo dudo. De hecho, este Gobierno no parece preparado en ningún sentido. Las beligerantes llamadas telefónicas de Trump, en concreto, no parecen el producto de una estrategia económica, ni política siquiera (los conspiradores maliciosos no pierden el tiempo alardeando de sus victorias electorales ni quejándose de lo que dicen los medios sobre el tamaño de las multitudes).
No, piénsenlo: si tuvieran un empleado que actuase así, lo apartarían de inmediato de cualquier puesto de responsabilidad y le instarían a buscar ayuda profesional. Y este tipo es el comandante en jefe del Ejército más poderoso del mundo.
Paul Krugman es premio Nobel de Economía.

lunes, 27 de febrero de 2017

El tiempo es tu recurso principal ¿en qué personas lo inviertes?











Muchos de vosotros estáis a menudo preocupados por el dinero...Yo también claro, Pero razonemos sobre un asunto  XD

Yo mismo a veces he menospreciado el más valioso de nuestros recursos...el tiempo y hablando de tiempo si os fijáis a lo largo de nuestra vida lo vamos invirtiendo en unas u otras personas. He visto a menudo que la gente invierte su dinero en un banco no porque sea el que más dinero le da sino por pereza de buscar otro, y hay otro fenómeno muy similar... Hay personas que invierten su tiempo en gente que es la de "siempre" y por ello les conceden un valor mágico o místico.


Deja que te diga una cosa, el 80% de la gente en la que dedicas tu tiempo es mediocre, no con ello digo mala para ti sino promedio, no te aportan grandes cosas ni lo contrario. Hay un 20% de tu entorno que es clave para tu progreso, tu felicidad...Deberías detectar quienes son y dedicar más de tu tiempo a esta gente y/o nutrir tu vida de gente con las mismas características que estos. Por último hay un 20% de tu entorno que son "haters", es gente que te envidia, que te tiene rabia, esas personas son un lastre y lo normal es que los mandes al carajo el problema es que a veces se presentan maquillados de "persona sagrada" en tu vida. Uno de esos lastres puede ser un amigo de la niñez, tu jefe, un hijo, un padre o madre, un abuelo... Cuando son "personas sagradas" no los mandamos al carajo o nos cuesta mucho más hacerlo y eso es peligroso.

Invierte en personas que te aporten, respecto a los haters, aquí os dejo una técnica para lidiar con ellos


domingo, 5 de febrero de 2017

Los modelos económicos



ey! Que bien estar de nuevo recibiendo tu visita, muchas gracias, nos motivas a seguir. ¿Recuerdas que era aquello de un modelo económico? Se que lo recuerdas pero, dame una definición...no es fácil así que os daré una, nos vemos pronto

Borja Montaño @BorjaMontano #CienciaEconomica

(el artículo que vais a leer es una contribución de Díaz Pulido, José Manuel)

I. CONCEPTO
Un modelo económico es una representación simplificada de la realidad, en la que se ponen de manifiesto las interrelaciones entre las variables relevantes. Los modelos económicos pueden ser verbales, gráficos o matemáticos, según el lenguaje formal utilizado para presentarlos.
La utilidad de los modelos consiste en su capacidad para explicar relaciones causales respecto a los problemas económicos relevantes y responder a preguntas como, por ejemplo, ¿De qué depende el crecimiento económico? ¿Qué variables explican la distribución de la renta? ¿Cuáles son las causas que están detrás de un proceso de inflación?. Al aislar las variables relevantes que inciden sobre un determinado hecho económico, es posible identificar y medir la intensidad de las distintas relaciones causales.
La ventaja del uso de modelos matemáticos consiste en que proporcionan cierta seguridad de que la lógica deductiva es correcta (mediante el uso de las herramientas del cálculo y del álgebra). Por otra parte, la expresión formal del modelo permite su contrastación, mediante el análisis econométrico de la evolución de las variables relevantes en la economía real. Este contraste se realiza mediante el análisis de los datos procedentes de registros administrativos (p.e. registro de parados, cifras de pensionistas, etc.), de encuestas (p.e. encuesta de población activa, índices de inflación, etc.), o bien mediante la realización de experimentos o cuasi-experimentos sociales o de laboratorio.
A pesar de estas ventajas, existe una corriente crítica con el excesivo uso de modelos económicos. Especialmente por el —en ocasiones excesivo— grado de simplificación de los mismos, por la dificultad de que los modelos puedan recoger todas las variables de una realidad tan compleja como es la sociedad y los comportamientos económicos y por la tendencia a “sacralizar” los modelos y sus aplicaciones.
II. EJEMPLO
Uno de los modelos económicos más sencillos es el de la curva (o frontera) de posibilidades de producción. Dicho modelo intenta simplificar la realidad a partir de una economía donde solamente existen dos productos (cañones y mantequilla, en la formulación del profesor Samuelson) y dos factores de producción (capital físico y trabajo). La cantidad total de los factores de producción en dicha economía es fija. Ambos factores se pueden usar para producir uno u otro bien, si bien el rendimiento de ambos factores es decreciente. Esto es, a medida que incrementamos el número de unidades de los factores en un bien, los incrementos marginales de producción son cada vez menores.
El significado económico de este supuesto es que no todos los individuos ni todas las máquinas tienen la misma capacidad para producir un determinado bien. De modo que si la economía va reasignando el uso de los factores de producción de un bien al otro, a partir de un determinado momento, los aumentos en la producción del bien al que se añaden los factores provocarán reducciones cada vez mayores de la producción del bien en el cual se sustraen factores.
Matemáticamente se puede expresar de la siguiente forma:
y = f (x) donde f (.) es una función monótonamente decreciente y cóncava:

Mostrar/Ocultar
A pesar de haber presentado una función con una sola variable dependiente y una independiente, en Economía es frecuente usar el símbolo de la derivada parcial para expresar la idea de que existen más variables explicativas que no se encuentran en la representación gráfica. Dichas variables son los parámetros estructurales, que producen movimientos de la curva o función presentada. Y se restringe tanto el dominio como el recorrido de la función al espacio de los números reales positivos, ya que no existen valores de producción negativos.
La representación gráfica de una función que cumpla las propiedades anteriores es la siguiente:

Mostrar/Ocultar
Este modelo pone de manifiesto que si una sociedad decide incrementar la producción de un bien (p.e. el gasto militar, ejemplificado por los cañones) incurre en el coste de oportunidad de la pérdida de producción del otro bien (bienes de consumo civil, ejemplificados por la mantequilla). Por supuesto, la matemática del modelo permite comprobar fácilmente que el coste de oportunidad es creciente a medida que incrementamos la producción de un bien.
III. HISTORIA
Si bien existen varios antecedentes en los economistas clásicos como Ricardo (1772-1823) o Malthus (1776-1834), o incluso en fisiócratas como Quesnay (1694-1774), es común aceptar que la generalización del uso de modelos matemáticos para explicar las relaciones económicas se realizó en el llamado periodo neoclásico. Autores como Walras (1834-1910), Jevons (1835-1882) o Menger (1840-1921) trataron de ofrecer modelos matemáticos que fueran capaces de explicar y predecir los fenómenos económicos. Para ello, aplicaban la lógica matemática a ciertos axiomas de comportamiento extraídos de los clásicos. Principalmente, que los individuos son racionales y tratan de maximizar la utilidad que obtienen del disfrute de los bienes y servicios disponibles en la economía. Estos intentos se adaptaban perfectamente al paradigma imperante de la física newtoniana, el positivismo de Comte (1798-1857) y el iusnaturalismo liberal, y, en general, con la creencia de que es posible encontrar —mediante la razón— las claves del funcionamiento de los procesos sociales. En concreto, Walras trató de ofrecer un modelo de equilibrio general que fuera capaz de explicar las interacciones entre todos los mercados de una economía.
Alfred Marshall (1842-1924) sistematizó los modelos anteriores, construyendo un cuerpo de teórico coherente basado en varios modelos de formulación matemática que permitían explicar el comportamiento económico. A pesar de que las teorías y los modelos neoclásicos no fueron capaces de predecir la crisis de los años treinta del pasado siglo, y de la revolución que significó el pensamiento keynesiano en términos de abandono de conceptos como “equilibrio”, “racionalidad perfecta” o “estado estacionario”, los modelos económicos de carácter matemático basados en ecuaciones simplificadas de comportamiento continuaron siendo el paradigma dominante tras la crisis, a través de lo que se denominó como la síntesis neoclásico-keynesiana, que ligaba el comportamiento de los mercados monetarios y reales de la economía.
Hoy en día, los modelos económicos son cada vez más sofisticados, debido al avance de la econometría y a la capacidad de computación de los ordenadores, que permiten establecer y calcular procesos causales más complejos. No obstante, el carácter fundamental de los mismos sigue siendo la extracción de conclusiones deductivas, mediante la lógica matemática aplicada a una serie de ecuaciones de comportamiento.
IV. CRÍTICAS
La ciencia económica ha sido abundantemente criticada por el excesivo uso de modelos matemáticos y la simplificación de la realidad que la mayoría de ellos implican. Estas críticas se agravan cuando se producen crisis económicas que los economistas no han sido capaces de predecir ni explicar. Una de la primeras críticas sistemáticas a los modelos de la economía neoclásica fue planteada por el institucionalismo americano, cuyos autores más destacados —Veblen (1857-1929) y Commons (1862-1945)— pusieron de manifiesto el reduccionismo de los modelos neoclásicos.
El propio Keynes criticó duramente el excesivo uso de modelos matemáticos demasiado simplistas por parte de los economistas neoclásicos de su época. Algunos economistas posteriores, como Samuelson (1915) y Hicks (1904-1989), optaron por formalizar su pensamiento y sintetizarlo con el clásico mediante instrumentos matemáticos muy similares a los que criticaba Keynes. No obstante, ciertos autores post-keynesianos como Joan Robinson (1903-1983) se manifestaron en contra de la síntesis neoclásico-keynesiana. Es famosa la cita de Robinson: No sé matemáticas, así que tengo que pensar, donde se resume su espíritu crítico con el excesivo afán simplificador de sus colegas contemporáneos. Otra importante crítica es la realizada por Heilbroner (1919-2005) y Milberg (1958), que critican tanto los modelos apriorísticos de equilibrio general, como los excesos del empirismo econométrico, especialmente la creación de interrelaciones estadísticas entre variables cada vez más complejas, sin una interpretación teórica más allá del supuesto comportamiento racional de los individuos.
Más recientemente, se están produciendo fenómenos que rechazan también el uso excesivo de modelos matemáticos abstractos y poco realistas. En particular, el movimiento autisme-economie iniciado en junio de 2000 y que continúa activo, fue una rebelión de los estudiantes de economía franceses, apoyados por muchos profesores, frente a la enseñanza de la Economía basada en la mera explicación de modelos matemáticos, ignorando los factores históricos e institucionales.
La incapacidad de los modelos económicos dominantes para predecir o explicar la crisis actual ha impulsado en varias universidades críticas parecidas al movimiento autisme-economie, que ponen de manifiesto la necesidad de incluir en el análisis económico factores no modelizables mediante modelos matemáticos.
Obviamente, estas críticas no pretenden eliminar la lógica matemática ni la existencia de modelos en la Economía. Su objetivo en cambio, es corregir la situación actual en la que el uso de modelos se ha convertido en un fin en sí mismo.

José M. Díaz Pulido

sábado, 28 de enero de 2017

tipos de economistas




eyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy gracias por pasarte de nuevo por esta página. Cualquier cosa que veas mejorable dínoslo y nos pondremos a ello. Al tema: ¿Qué tipos de economistas hay?

Suele citarse a José Luis Sampedro del siguiente modo: “Hay dos tipos de economistas, aquellos que trabajan para hacer más ricos a los ricos y aquellos otros que trabajan menos pobres a los pobres”. En realidad, es obvio que puede haber cuatro clases de economistas, ninguna de las cuales encaja bien en la dicotomía que plantea Sampedro (pues los dos conjuntos que él describe pueden solaparse en parte). Los cuatro tipos de economistas serían, pues, lo siguientes:

Economistas que trabajan por hacer más ricos a ricos y a pobres: A mi entender, serían los economistas liberales.
Economistas que trabajan por hacer más pobres a ricos y a pobres: A mi entender, más allá de las buenas intenciones, serían los economistas comunistas (si bien en intenciones se encuadrarían en el grupo 1).
Economistas que trabajan para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres: A mi entender, serían los economistas mercantilistas (si bien la retórica justificativa los colocaría también en el grupo 1).
Economistas que trabajan para hacer más ricos a los pobres y más pobres a los ricos: A mi entender, sería el caso de economistas entre socialdemócratas y socioliberales (ni siquiera en cuanto a intenciones pueden incluirse en el grupo 1).

martes, 10 de enero de 2017

Equilibrio de Nash

¿Qué aspecto de la teoría de juegos os parece más relevante? Como bien sabéis, el dilema del prisionero es una de las teorías más conocidas, os ponemos un vídeo del mismo de Borja Montaño.

Gracias por seguirnos, no cambiéis

Ver vídeo




El Equilibrio de Nash es una situación en donde los individuos o jugadores no tienen ningún incentivo a cambiar su estrategia tomando en cuenta la estrategia de sus oponentes.
En el equilibrio de Nash la estrategia que elige cada uno de los participantes de un conflicto o juego es óptima, dada la estrategia que han elegido los demás. En otras palabras, nadie ganara nada si decide cambiar su estrategia bajo el supuesto de que los demás individuos no cambian la suya.
Cabe destacar que bajo el equilibrio de Nash no necesariamente se obtiene la mayor ganancia para todos los individuos o jugadores en conjunto. Sólo se cumple que cada uno responde de manera óptima ante la estrategia de los demás. En muchos casos, a los individuos les gustaría poder alcanzar otro equilibrio con mayores ganancias pero no logran hacerlo debido a que enfrentan el riesgo a ser traicionados.

Origen del concepto

El equilibrio de Nash es un concepto que pertenece a la Teoría de Juegos, una rama de la Economía que estudia modelos matemáticos de conflicto y cooperación entre individuos supuestamente racionales.
El creador el concepto es el matemático John Nash quien en el año 1951 logró demostrar que en todo juego en donde los participantes pueden escoger entre un número finito de estrategias (que pueden ser puras o mixtas) siempre existirá al menos un equilibrio de Nash.

El dilema del prisionero

Tal vez el ejemplo más conocido de equilibrio de Nash es el que ocurre en el juego llamado “el dilema del prisionero”. A continuación lo explicamos.
Suponga que existen dos prisioneros A y B que cometieron un asalto a mano armada. La policía los ha detenido pero requiere de más evidencia para poder encarcelarlos. Para obtener más información los encierran en dos celdas separadas de modo que no puedan comunicarse entre sí y les presentan las siguientes condiciones:
  1. Si confiesas pero tu compañero no, te dejaremos en libertad mientras que a tu compañero le daremos 10 años de cárcel.
  2. Si vemos que ambos confiesan, les daremos 5 años a cada uno.
  3. Si ninguno de los dos confiesa, les daremos 1 año de cárcel a cada uno.
Podemos graficar esta situación a través de un juego que representamos por medio de una matriz de pagos en donde cada año de cárcel tiene un valor negativo.
 
Jugador A/B
 
Confesar
 
No confesar
 
Confesar
-5; -5
 
0; -10
 
No confesar
 
-10; 0
 
-1; -1
En este juego el equilibrio de Nash es Confesar-Confesar ya que ninguno de los jugadores tiene incentivos a cambiar su decisión considerando lo que hará su compañero. A pesar de que ambos individuos preferirían ubicarse en otro equilibrio (No confesar-no confesar) no pueden hacerlo porque la acción óptima para cada uno de ellos, considerando los pagos y la posible acción de su compañero es confesar.
No obstante lo anterior, cuando cambian las condiciones del juego (por ejemplo una repetición infinita) es posible alcazar otros equilibrios

sábado, 7 de enero de 2017

Tipos de Estado del Bienestar



Una vez más, os agradecemos que nos mandéis preguntas y aquí estamos repondiendo a ellas. A ver si la próxima es más divertida eso sí jajaja. Espero que exprese adecuadamente esta cuestión ¿vamos al tema? Por cierto, para mandar dudas: @BorjaMontano #CienciaEconomica y la página de facebook de Ciencia Económica.



Gösta Esping-Andersen ha desarrollado una teoría para explicar las diferencias en las evoluciones del Estado del bienestar. Su posición rechaza la visión funcionalista marshalliana que ve el Estado del Bienestar como un producto de la revolución industrial. Para este autor son las cuestiones políticas y la historia de las coaliciones de clase lo que explica estas variaciones. Esping Andersen ha distinguido tres tipos fundamentales: liberal, conservador y socialdemócrata. Esta tipología pone el énfasis en las relaciones de clase y en el modo en que el estado ha tratado de modificar las relaciones de mercado.

El primer modelo, de carácter liberal, tiende a respetar el mecanismo de mercado como proveedor de bienestar. Se potencia la protección social privada y la pública ocupa un lugar subsidiario y atiende sólo a los que son capaces de demostrar la insuficiencia de medios económicos. De acuerdo con ello la atención del Estado se dirige a los casos marginales, mientras la franja productiva de la población se tutela con seguros de empresa o privados. Este modo implica un alto grado de estratificación social y de desigualdad. Son, por ejemplo, los casos de países como Canadá, Australia y EE.UU.

El modelo americano es lo más parecido al liberal clásico. En Estados Unidos, la intervención del estado es limitada, y la redistribución de la riqueza es un objetivo secundario. Los programas sociales sólo cubren a la población más pobre, los subsidios de desempleo son escasos y duran poco, y la sanidad es mayoritariamente privada, con programas públicos sólo para los jubilados y gente con renta muy baja. El mercado laboral está desregulado, con un salario mínimo simbólico y una protección escasa.
El resultado de este modelo es, en líneas generales, conocido. Unos niveles de desigualdad considerables, una escasa movilidad social, y curiosamente una natalidad bastante decente. Ser pobre aquí es peor que en cualquier otra parte, no como se dice a menudo; no hay apenas servicios públicos, el coste de la vida es muy alto, y las bancarrotas personales son abundantes, por no hablar de la delincuencia.

En el segundo tipo, de carácter cristianodemócrata, el estado interviene en el mercado, pero no sobre la estratificación social. Se mantiene la existencia de mutuas y las prestaciones son correspondientes al rédito de partida. Una de las características es la intervención del estado en la defensa y mantenimiento de la familia como proveedora de bienes y servicios sociales. La familia se convierte en uno de los puntales de las políticas sociales. Su estructura de seguros sociales tiende a fomentar una gran diversidad de sistemas ligados al corporativismo y al estatus social y profesional. La intervención del estado es, como en el modelo liberal, subsidiaria. Este es el caso de países como Austria, Francia, Alemania e Italia.









Alemania es el ejemplo clásico del modelo continental europeo, o estado de bienestar cristianodemócrata. En este modelo, la intervención del estado es considerable, pero sin embargo la voluntad redistributiva es limitada. Los programas sociales cubren a toda la población; sin embargo en muchas ocasiones el nivel de estos dependen del nivel de renta previo. El volumen del subsidio de desempleo, por ejemplo, está en relación a lo que se cobraba antes, al igual que las pensiones. Además, los programas universales no acostumbran a tener una calidad estelar, de modo que las clases altas a menudo recurren a sector privado. Tienen mercados laborales férreamente regulados para proteger a los que tienen empleo.  El resultado de estas políticas son sociedades relativamente igualitarias, con niveles de movilidad social no demasiado altos, con niveles de pobreza no excesivos pero con altas
tasas de desempleo merced de la regulación laboral. Los niveles de natalidad varían bastante, aunque no acostumbran a ser altos (Francia es la excepción).

En el tercer tipo, socialdemocracia, el estado interviene no sólo sobre el mercado, sino sobre la estratificación social. Se da así una preeminencia de los servicios nacionales únicos y las prestaciones son universales, es decir, iguales para todos. Este universalismo permite lo que el autor ha denominado la decommodification, que supondría el grado en el cual individuos y familias pueden acceder a un nivel de vida aceptable independientemente de su participación en el mercado. Este modelo tiende así a lograr altos niveles de igualdad social. El caso paradigmático es el de los países escandinavos.

El modelo sueco es el de la socialdemocracia por excelencia. Aquí el estado interviene con fuerza en la economía, y su prioridad es la redistribución de la renta y la igualdad de oportunidades. Los programas sociales son extensivos y cubren a toda la población. Los servicios públicos acostumbran a ser excelentes; sólo los muy ricos no los usan. El estado tiene agresivas políticas de apoyo a la familia en forma de servicios sociales, bajas por m/paternidad, guarderías y ayudas directas, con lo que la natalidad es bastante alta. En cuanto al mercado liberal, la regulación es escasa, con despidos baratos, pero el generoso subsidio de desempleo y las agresivas políticas de inserción laboral compensan esta vulnerabilidad.
El resultado de este modelo es el de sociedades extremadamente igualitarias, con altos niveles de movilidad social, y niveles de pobreza ridículos. Todo eso con niveles de natalidad elevados, envidiable niveles de competitividad industrial e innovación gracias a una mano de obra muy bien preparada, y una apertura al comercio exterior y la globalización altísimas. 

Si miramos el PIB por hora trabajada, Suecia, Francia y Estados Unidos tienen un nivel de ingresos similar. Los americanos son más ricos, en parte porque trabajan de media un 30% más de horas a la semana que los franceses (más de 50 horas de media a la semana). El Estado del bienestar, en contra de lo que se dice a menudo, tiene un efecto muy pequeño sobre el nivel de riqueza de un país, pero sí lo tiene sobre la distribución de la renta y el mercado laboral.
Por lo tanto, cuando se habla de crisis del estado del bienestar, uno debe andar con cuidado. Sí, la baja natalidad en Italia o Alemania ponen en peligro las pensiones, pero no es así en Estados Unidos o Suecia. La sanidad es un desastre en América, no en el resto del mundo; y el paro es grave en Europa continental, pero no en Escandinavia. No hay un estado del bienestar, hay varios. Y no, no afectan a la riqueza sino a la distribución de esa riqueza.



En el caso de España, está en un grupo especial, junto con Portugal y Grecia, se parece a los sistemas cristianodemócratas, aunque es más limitado que estos.

Una de las características más llamativas del Estado del bienestar español es su escasa financiación, lo cual explica su escaso desarrollo. Según los últimos datos disponibles de Eurostat, la agencia estadística de la Unión Europea, España tiene el gasto público social por habitante más bajo de la UE-15 (el grupo de países de semejante desarrollo económico al español). 
Como consecuencia de ello, los servicios públicos del Estado del bienestar (tales como sanidad, educación, servicios domiciliarios a las personas con dependencia, escuelas de infancia, servicios sociales, vivienda social, entre otros) están muy poco desarrollados. 
Sólo una persona adulta de cada diez trabaja en España en tales servicios. En Suecia, el país que tiene un Estado del bienestar más desarrollado, es una de cada cuatro. De nuevo, España es el país que tiene proporcionalmente menos personas trabajando en tales servicios públicos de toda la UE-15.

España se gasta en el Estado del bienestar mucho menos de lo que debería gastarse por su nivel de riqueza. Es una falsedad, por lo tanto, indicar que nos gastamos más en el Estado del bienestar de lo que podemos permitirnos. El país tiene recursos. Lo que ocurre es que el Estado no los recoge, y ello es resultado de que la mayoría de las rentas superiores no contribuyen al Estado en los mismos porcentajes que sus homólogos en la mayoría de países de la UE-15. Su contribución fiscal real (y no nominal) es mucho menor de la existente para estos grupos de renta en los países del centro y norte de Europa. El fraude fiscal es mucho menor en estos países que en España (y en los otros países del Sur de Europa, como Grecia, Portugal e Italia, que, no por casualidad, son los países de la eurozona que tienen mayores dificultades en pagar su deuda pública).


Tal fraude fiscal se concentra en los sectores más pudientes. Según los técnicos de la Agencia Tributaria del Estado español, el 71% del fraude fiscal lo realizan las grandes fortunas, las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (que representan sólo el 0,12% de todas las empresas), y la banca, alcanzando la enorme cifra de 44.000 millones de euros al año, que, en caso de que se recogieran por el Estado y se gastaran en su Estado del bienestar, reducirían dos tercios del déficit de gasto. No es pues que no nos podamos pagar el escasamente financiado Estado del bienestar, sino que el Estado no ha hecho lo que debería, es decir, enfrentarse con estos poderes fácticos y grupos sociales minoritarios para recoger lo que el país requiere.